Domus Mare satisface una necesidad aún más profunda: reconstruir el hogar nativo. Ese hogar nativo dejado a la edad de cuatro años, del cual ese niño siempre ha conservado recuerdos indelebles: el secreto jardín interior, las alcobas en las que dormía protegido, el azul de los azulejos vietreses de la cocina, colocados frente a la chimenea, los antiguos libros de medicina, de derecho y los eclesiásticos con los que jugaba, la placa de mármol, allí en el desván, con los límites del pueblo grabados en latín.